Un constante cambio de corazón: volver a la conciencia feminista con Bell Hooks
Mayda Roldán Velásquez
Feminista en profunda transformación.
Es una nueva mañana para reflexionar sobre el pensamiento de Bell Hooks. Hoy quiero compartir algunas de las reflexiones que nos deja el capítulo “Incremento de la conciencia feminista: un constante cambio de corazón”, de su libro El feminismo es para todo el mundo.
Este es un capítulo maravilloso porque nos permite descubrir cómo los grupos de conciencia feminista creados por mujeres del movimiento, que inicialmente se reunían a puerta cerrada, fueron claves para llevar el feminismo a la vida cotidiana. Estos espacios catárticos permitieron que unas y otras se encontraran, conversaran y lograran expresar esa rabia feminista que surgía al hacerse conscientes de la opresión sexista en la que vivían. Hago un paréntesis: Creo que cada vez hablaré menos de machismo y más de sexismo, este que puede habitar en el corazón y en las prácticas de hombres y mujeres.
Bell Hooks también fue crítica de aquellos grupos de concientización, ya que algunas veces se convertían principalmente en lugares para expresar la rabia y el dolor, pero la energía política feminista necesaria para producir propuestas transformadoras podía quedarse corta.
Y esto me parece muy importante pensarlo para nuestro tiempo, ya que sí bien tenemos suficientes motivos para indignarnos, la rabia nos debe seguir motivando en permitirnos seguir juntas y pensar colectivamente estrategias de intervención organizadas, políticas y transformadoras, como lo hemos venido haciendo.
Siento que andamos dividas y otras cooptadas por el proselitismo político el cual está lleno de sexismo que muchas veces callamos y reforzamos. Creo que ahora más que nunca debemos re-encontrarnos para redefinir nuestras estrategias, nuestras luchas desde una práctica política feminista transformadora.
Bell Hooks nos dejó también una advertencia la cual sigue tan vigente el día de hoy, cuando el feminismo fue institucionalizándose, una parte de su fuerza política y revolucionaria comenzó a perderse. El feminismo también podía convertirse en una profesión, en un lenguaje académico, en una oportunidad de movilidad social, y hasta en una etiqueta sin que necesariamente existiera detrás un verdadero compromiso con la transformación feminista.
Necesitamos politizar nuestra vida, pero, sobre todo, como plantea Bell Hooks, necesitamos confrontar al “enemigo interno” el sexismo. Ese sexismo que muchas veces evitamos revisar porque resulta mucho más fácil proyectarlo únicamente sobre los hombres y hacerlos aparecer como “la causa de todos nuestros males”.
!Como si nosotras no hubiéramos sido también socializadas dentro del patriarcado.
Como si no pudiéramos reproducir pensamientos sexistas.
Como si no pudiéramos ejercer dominación sobre otras mujeres.
Como si el simple hecho de ser mujer nos otorgara automáticamente una conciencia feminista!
Y precisamente allí encuentro uno de los llamados más importantes de este capítulo. Ser mujer no nos convierte automáticamente en feministas. Convertirse en feminista implica aprender, revisar nuestras propias prácticas, confrontar nuestro sexismo interiorizado y elegir conscientemente una política feminista. Y esa tarea nunca termina. Quizás por eso me parece tan hermoso el subtítulo del capítulo: “un constante cambio de corazón”.
El feminismo puede despertar nuestra conciencia, pero ese despertar no representa el final de la tarea. Es apenas el comienzo. Tenemos que seguir revisándonos, aprendiendo, cuestionándonos y transformándonos.
Para Bell Hooks, perder de vista ese proceso fue precisamente una de las razones por las cuales el feminismo comenzó a convertirse, para algunas personas, simplemente en una etiqueta. Cualquiera podía llamarse feminista sin necesariamente compartir una política antisexista. A esto ella lo cuestiona como una forma de “lifestyle feminism".
Otra reflexión final de este capítulo es que Bell Hooks reconoce que, en los inicios del movimiento, la concientización feminista se concentró especialmente en las mujeres. Sin embargo, posteriormente plantea que también era necesario haber desarrollado procesos de conciencia feminista con niños y hombres. Ella considera que, si históricamente se hubiera hecho más trabajo feminista con los hombres para enseñarles qué es el sexismo, cómo opera y cómo puede transformarse, habría sido mucho más difícil que se instalara culturalmente la idea de que el feminismo es un movimiento “anti-hombres”, justo lo que estamos viviendo con más fuerza el dia de hoy.
Desde esta perspectiva, un hombre que confronte sus privilegios masculinos, cuestione el pensamiento patriarcal y adopte una política feminista puede convertirse en un compañero de lucha. Por su parte, ser mujer tampoco garantiza una práctica feminista, una mujer que continúa profundamente comprometida con pensamientos y comportamientos sexistas también puede debilitar un movimiento feminista desde dentro.
Esta idea me interpela particularmente, por eso, quizás sea momento de preguntarnos también y comparto con ustedes estas preguntas para que reflexionemos juntas:
¿Cuántas veces he actuado desde una política anti-hombres y no desde un feminismo revolucionario y transformador?
¿Cuántas veces he identificado fácilmente el sexismo afuera, pero me ha costado reconocerlo en mis propias prácticas?
¿Cuántas veces he considerado que por ser mujer o llamarme feminista ya terminé mi propio proceso de transformación?
Bell Hook nos recuerda que ser feminista es: Un aprendizaje, una elección política, una acción, una organización y una revisión constante de nosotras mismas.
Seguir confrontando el sexismo afuera, sí. Pero tener también el valor de confrontar el sexismo que todavía pueda habitar dentro de nosotras.



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